Tras veinte años de investigación, el laboratorio farmacéutico Virbac acaba de sacar a la venta en España la primera vacuna contra la leishmaniosis canina en Europa. Llamada CaniLeish, se trata de una vacuna preventiva anual contra esta enfermedad provocada por el parásito Leishmania, que se transmite a los perros por las picaduras de los insectos flebotomos. Esta enfermedad parasitaria, que puede ser mortal y transmitirse a los seres humanos, representa un alto riesgo para los perros en la cuenca mediterránea, donde se calcula que hay 2,5 millones de perros infectados. En el caso de España, cada año se detectan cinco nuevos casos de leishmaniosis infantum por cada cien perros. Los síntomas: «fiebre, caída de pelo, pérdida de peso, úlceras en la piel, artritis e insuficiencia renal grave», explica el doctor Fernando Fariñas.
Los resultados de laboratorio (92,7 por ciento de los perros vacunados no se infectó) avalan, según Virbac, esta vacuna, que requiere tres dosis el primer año, y después una anual. Cada dosis cuesta entre 50 y 60 euros y los efectos secundarios que puede provocar son: inflamación en la zona en la que se ha puesto la vacuna o que el perro esté decaído las primeras horas.
Algo más de dos años llevan los veterinarios de Asturias colocando dispositivos de identificación a los caballos de la región y todavía les queda trabajo para concluir esta labor. Según los datos del Colegio de Veterinarios, el 23 de enero de este año tenían colocado el microchip un total de 43.793 euros, aunque el presidente de este organismo, Armando Solís, apunta que «lo que no sabemos es cuántos pueden quedar por identificar».
Esta labor de reconocimiento de todos los caballos que se crían la región se puso en marcha al final de 2009, cuando la Unión Europea emitió una normativa por la cual todos los equinos tenían que tener un dispositivo identificativo antes de que acabase el año.
Aquella medida despertó numerosas dudas en el sector de cría equina, tanto por su premura como por las sanciones que se contemplaban para aquellos ganaderos que no colocasen el microchip a sus caballos y que podía alcanzar hasta los 3.000 euros.
En estos más de dos años de trabajo, son los miembros del Colegio de Veterinarios quienes se están encargado de gestionar toda esta labor. «Al principio, esta norma generó muchas dudas, pero se solucionaron a base de trabajo», recuerda Armando Solís, quien explica que en el caso de los equinos cuya carne se vaya a destinar al consumo, estos animales deben estar identificados antes de que cumplan los seis meses de vida «y siempre antes del 31 de diciembre» del año en curso.
En cuanto a las sanciones, el director general de Agroganadería, Alejandro Temprano, explica que en la actualidad «no hay ningún expediente abierto por motivo de la identificación». De hecho, lo que lo que se está haciendo, según apunta Temprano, es que cuando se detecta un animal sin identificar se le ficha y se «le da un pasaporte sustitutivo», de manera que se asegura que este caballo no pueda ser destinado al consumo humano.






